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Trabajo presentado en COWAP 2004. APA

Abordajes clínicos del Maltrato y abuso familiar

Autora, Lic. Eva Rotenberg *

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   Me referiré al abordaje clínico del maltrato y abuso familiar, es decir al maltrato endogámico, que tiene diferencias cualitativas al maltrato y abuso exogámico.

   La prohibición del incesto marca el ingreso a un orden simbólico, lo cual constituye un factor de humanización y tiene fuerza de Ley, porque es una matriz simbólica.

   La prohibición del incesto organiza las funciones familiares, marcando lugares y posiciones. A través del maltrato y abuso físico o psicológico se estaría violentando un límite que a nivel simbólico sería equivalente o directamente, se estaría actuando el incesto. Es decir que los padres dejarían de ejercer las funciones maternas y paternas que son básicas para el armado del mundo interno. Dicho de otro modo, habría un uso perverso de dichas funciones.

   La diferencia radical con los casos de abuso exogámico o de violación ocasional, es que no necesariamente hay una alianza patológica en la propia familia, por lo tanto habría 1 posibilidad de poder metabolizar la vivencia traumática con miembros confiables de la propia familia, que colaborarían con la posibilidad de elaboración recurriendo a la justicia, que es una legalidad diferente, que no es la ley arbitraria de la familia.

   Cuando el maltrato y el abuso son endogámicos, hay alianzas para producir confusión mental y distorsión en las percepciones, como defensas mentales patógenas que responden a Tánatos, imposibilitando al abusado el poder hacer un trabajo de ligadura a través de la representación palabra y del pensamiento. Por lo tanto cuando es endogámico el maltrato, hay complicidad y desmentida familiar, hay un ataque directo a la posibilidad de pensar, de metabolizar la vivencia traumática, quedando muchas veces como experiencias traumáticas que pueden conducir a sintomatologías indiferenciadas con la psicosis o el retardo mental.

   El abuso psicológico o físico ataca la autoconservación que está a cargo del Yo, esto no genera sexualidad sino odio y resentimiento. Deviene traumático porque el Yo no tiene recursos internos para lidiar con esta intromisión en el cuerpo y la mente. El resentimiento es la resultante de humillaciones múltiples que busca venganza y que puede dirigirse hacia el mundo externo o hacia sí mismo, es decir hacia los fantasmas de los otros -en uno (incluyendo los objetos internos).

Miembro Titular de APA
• evarot@hotmail.com
• 54-11-4803-6454

   De este modo se da lugar a la repetición del abuso en otro o de un maltrato hacia sí mismo, incluyendo intentos de suicidio.

   El maltrato y abuso producen confusión mental por la intrusión de uno en la mente y el cuerpo de otro que se encuentra en una situación de desamparo frente al poder del primero, y por una falta de reconocimiento de la alteridad del segundo. Al mismo tiempo que se anula la función del lenguaje entre víctima y victimario, desmintiendo todo intento de reconocimiento.

   El daño psíquico siempre es severo y muchas veces hay una pérdida de sentido o una imposibilidad de organización mental en un niño en formación. El abuso puede ser también una violencia de género, y lo que se ve en estos casos es cómo el aparato psíquico queda desarticulado, desinvirtiendo los recursos yoicos que habían sido adquiridos, perdiendo la posibilidad de pensar.

Abordaje terapeútico, la importancia de los Grupos Multifamiliares:
   Cuando hablamos de TMF. debemos considerar la teoría y clínica que desde hace años está desarrollando el Dr.J.G.Badaracco.

   En el grupo terapeútico MF, se hace presente un recorte que representa a la sociedad, con leyes concensuadas, permitiendo descubrir otra Ley que no es la del padre de la horda primitiva. Pudiendo así contrarrestar e inclusive llegar a anular el poder patógeno que produce la omnipotencia familiar y la fuerza paralizante de los objetos internos enloquecedores.

   La Terapia Multifamiliar es una modificación en el encuadre y resulta ser un dispositivo ampliado que permite visualizar, experimentar y vivenciar elementos que no habrían alcanzado el nivel de la representación por lo cual no emergen en la terapia individual o se precisaría de muchos años para que esto suceda.

   Encuentro una coincidencia muy enriquecedora entre lo postulado por el Dr.Badaracco y P.Aulagnier. Esta autora trabajó sobre el proceso originario, primario y secundario con modos de representación específicos.

   La T.Multifamiliar facilita la posibilidad de la representación figurativa del proceso originario y también la representación relacional, específica del proceso primario. La representación pictográfica que se logra a partir de las “interpretaciones vivenciales”(Dr.J.G.Badaracco) y de compartir las vivencias de los otros, permite metabolizar lo que nunca pudo ser comprendido del mismo paciente, poniendo en imágenes y pudiendo nombrar las experiencias vividas que han quedado inscriptas pero sin posibilidad de ser habladas ni compartidas anteriormente. Es decir, que queda facilitada la posibilidad de poner en palabras sensaciones que tardarían años en una terapia convencional.

   Si pensamos que en situaciones que producen patología mental severa, como en los casos de violencia familiar, vemos que hay una ausencia de un sentido compartido y concensuado, habiendo zonas psíquicas que no han adquirido posibilidad de representación y solo han quedado como pura cantidad y sensación que buscan la descarga. Esto pasa a constituir funcionamientos mentales compulsivos, que amalgamados al odio, al resentimiento y a la necesidad de ser reconocidos, tienen una fuerza extrema que no puede ser controlada por el Yo, ya que la persona no cuenta con recursos internos para contenerse, buscando muchas veces el límite externo. Hay otra posibilidad, que tiene que ver con otros mecanismos mentales defensivos, que tienen que ver con la desinvestidura del mundo externo, del que se ha perdido la confiabilidad.

   Por otra parte, muchas personas temen contar experiencias traumáticas vividas en el seno familiar, porque sienten una lealtad extrema, hasta el punto de sentir que si relatan sus vivencias les ocacionarán un daño irreparable a aquellas personas que los hacen sufrir y se abusan, pero al mismo tiempo los aman y los precisan para la autoconservación.

   Al ver que otras personas se atreven a contar sus experiencias, poco a poco empiezan a confiar y a poder expresarse. De este modo, pueden hacer un cambio psíquico por primera vez, pudiendo poner sus fantasmas en relación, es decir, compartiendo con otros.

   En la TMF las personas pueden revivir situaciones atrapantes en vínculos de interdependencias patógenas, pero esta vez en un ambiente seguro, contando con la vivencia de que están compartiendo con otros y que no serán castigados ni desmentidas sus vivencias.
Quienes han sufrido por el abuso omnipotente de quien se suponía que debía velar por su seguridad, se sienten más seguros en un ambiente con muchas personas, que en una terapia con un terapeuta, porque se revive la situación de estar bajo el dominio del poder de alguien ¨incuestionable¨ del sujeto supuesto saber y ellos colocados nuevamente en el lugar del desamparo y del sometimiento.

   El Dr. Badaracco habla de la posibilidad de ¨metaforizar¨ la situación y así percibir una posibilidad de cambio, contando con otros que arman una trama vincular de sostén psíquico.
El participar de la emergencia de las vivencias de otros, permite poner imagen y palabras a las sensaciones, se puede pasar del dolor al sufrimiento y a la elaboración.

   El Yo de las personas maltratadas o de las que participan como espectadoras del maltrato, no cuenta con recursos internos para sentir que pueden sobrevivir si se separan de la persona maltratadora.

   Anzieu ha escrito acerca del apego a lo negativo, es decir, el apego a figuras maltratadoras, porque resulta más tolerable la investidura a un vínculo aunque sea abusador que la desinvestidura.
Por este motivo muchas veces no se lleva a cabo la denuncia, porque el sistema social y judicial no ofrece alternativas, entonces el o los abusados se encuentran en una situación dilemática, si acusan al maltratador temen que se multiplique su ira, pero no cuentan con ayuda para sobrevivir, ni para correrse del lugar de ser el objeto del goce del otro. Por eso, contar con otros y con los recursos Yoicos de otros en la TMF, permite animarse a discriminarse y poner fin al maltrato, porque en primer lugar, el grupo constituye una terceridad y por otro lado, se cuenta con un sostén emocional y con la mirada del grupo que le certifica que su vivencia de ser maltratado es cierta, que no es una confusión mental.

   Denomino “espejos rectificadores” a la “función subjetivante” que devuelven los otros de la imagen de sí mismos que se ha construído de modo distorsionado en las familias de origen. De este modo se comienzan a construir los recursos internos, que al principio son virtuales, solo están en la mente de los terapeutas y de aquellas personas-pacientes que antes estaban como ellos y ya se encuentran en un proceso de mejoría.

   La falta de recursos internos no tiene que ver con contenidos reprimidos sino con un déficit en el sí mismo, pero sabiendo que los recursos internos existen como potencialidad. Y es este mismo déficit el que favorece el mantenimiento de la interdependencia patógena.

   Por otro lado, la fuerza de éste ¨espejo multiplicador correctivo¨, como lo denomino, contrarresta la fuerza del espejo omnipotente materno que constituyó al Yo infantil con las primeras identificaciones alienantes.

   Las familias con funcionamiento perverso tratan de provocar confusión mental y usar la mentira como modo de seguir atrapando a la víctima. Salir de la confusión mental es ir hacia la salud, pero esto no se logra si no es con otros.

   Caso clínico, Pedro odontólogo de 30 años de edad, estuvo internado
en el Hosp. Borda, considerado un paciente crónico sumamente agresivo, con diagnóstico de paranoia. El mismo se definía como se sentía- ¨un arma asesina en potencia¨.

   El padre, un prestigioso profesional, había abusado de él y de sus hermanos, durante la infancia.
Cada vez que Pedro mejoraba, comenzaba a denunciar a su padre, tenía una profunda necesidad del reconocimiento materno acerca de lo vivido.

   Si bien sus padres estaban divorciados, la madre no podía tolerar la denuncia de su hijo y cada vez que él mejoraba, la madre lo acusaba de estar loco y reclamaba a los médicos que le dieran más medicación. Refería que el hijo ¨decía esas cosas porque le faltaba medicación¨. Seguramente ella no podía reconocer su participación en el hecho, aunque sea como complacencia pasiva frente al abuso del marido, entonces continuaba desmintiendo los hechos y la vivencia del hijo. Esto provocaba una furia asesina en el hijo, quien volvía a ser internado y medicado. La necesidad de Pedro de que su madre reconociera los hechos tenía un valor fundamental, era la posibilidad de ¨Ser o no Ser¨, era confirmarle que no estaba loco.

   En la TMF. se pudo hacerle sentir a Pedro que el grupo sí le creía, que no estaba delirando y que cualquiera en su lugar hubiera sentido lo mismo. Tampoco le teníamos miedo. Por otro lado, fuimos conteniendo y ayudando a la madre para que pudiera ¨tolerar¨ escuchar lo vivido por sus hijos.
El Dr. Badaracco afirma que los pacientes graves no mejoran si sienten que sus vínculos significantes corren riesgo, encontrándose en situaciones dilemáticas, ya que sienten que para mejorar ellos deben condenar a personas muy significativas que siguen siendo imprescindibles para ellos poder sobrevivir. Entonces, este dispositivo terapeútico permite ayudar a distintos miembros de la familia que se encuentran con la mediación de otros que funcionan como ¨tercero¨, desarticulando las situaciones dilemáticas que sostienen el poder patógeno.

   Al sentirse validado, Pedro fue armando recursos yoicos genuinos y fue perdiendo esa violencia compulsiva y la necesidad de venganza, pudiendo comenzar a pensar y a ayudar a otras personas, con su inteligente participación.

   Si bien la madre no ha hecho cambios sustanciales, no se siente tan en riesgo teniendo que desmentir las vivencias del hijo. Ella misma ha experimentado que si bien el grupo sí le cree a Pedro, no la condenan a ella, quien es parte de la locura familiar y también debe ser tratada.

   La ¨cura¨ en estos casos no se trata de devenir ¨sano¨, sino de despertar el deseo de vivir y la posibilidad de confiar. Esto se logra mucho más rápido, en un contexto multifamiliar.

 

 

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