Me
referiré al abordaje clínico del maltrato y abuso
familiar, es decir al maltrato endogámico, que tiene diferencias
cualitativas al maltrato y abuso exogámico.
La
prohibición del incesto marca el ingreso a un orden simbólico,
lo cual constituye un factor de humanización y tiene fuerza
de Ley, porque es una matriz simbólica.
La
prohibición del incesto organiza las funciones familiares,
marcando lugares y posiciones. A través del maltrato y
abuso físico o psicológico se estaría violentando
un límite que a nivel simbólico sería equivalente
o directamente, se estaría actuando el incesto. Es decir
que los padres dejarían de ejercer las funciones maternas
y paternas que son básicas para el armado del mundo interno.
Dicho de otro modo, habría un uso perverso de dichas funciones.
La
diferencia radical con los casos de abuso exogámico o de
violación ocasional, es que no necesariamente hay una alianza
patológica en la propia familia, por lo tanto habría
1 posibilidad de poder metabolizar la vivencia traumática
con miembros confiables de la propia familia, que colaborarían
con la posibilidad de elaboración recurriendo a la justicia,
que es una legalidad diferente, que no es la ley arbitraria de
la familia.
Cuando
el maltrato y el abuso son endogámicos, hay alianzas para
producir confusión mental y distorsión en las percepciones,
como defensas mentales patógenas que responden a Tánatos,
imposibilitando al abusado el poder hacer un trabajo de ligadura
a través de la representación palabra y del pensamiento.
Por lo tanto cuando es endogámico el maltrato, hay complicidad
y desmentida familiar, hay un ataque directo a la posibilidad
de pensar, de metabolizar la vivencia traumática, quedando
muchas veces como experiencias traumáticas que pueden conducir
a sintomatologías indiferenciadas con la psicosis o el
retardo mental.
El
abuso psicológico o físico ataca la autoconservación
que está a cargo del Yo, esto no genera sexualidad sino
odio y resentimiento. Deviene traumático porque el Yo no
tiene recursos internos para lidiar con esta intromisión
en el cuerpo y la mente. El resentimiento es la resultante de
humillaciones múltiples que busca venganza y que puede
dirigirse hacia el mundo externo o hacia sí mismo, es decir
hacia los fantasmas de los otros -en uno (incluyendo los objetos
internos).
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De
este modo se da lugar a la repetición del abuso en otro
o de un maltrato hacia sí mismo, incluyendo intentos de
suicidio.
El
maltrato y abuso producen confusión mental por la intrusión
de uno en la mente y el cuerpo de otro que se encuentra en una
situación de desamparo frente al poder del primero, y por
una falta de reconocimiento de la alteridad del segundo. Al mismo
tiempo que se anula la función del lenguaje entre víctima
y victimario, desmintiendo todo intento de reconocimiento.
El
daño psíquico siempre es severo y muchas veces hay
una pérdida de sentido o una imposibilidad de organización
mental en un niño en formación. El abuso puede ser
también una violencia de género, y lo que se ve
en estos casos es cómo el aparato psíquico queda
desarticulado, desinvirtiendo los recursos yoicos que habían
sido adquiridos, perdiendo la posibilidad de pensar.
Abordaje
terapeútico, la importancia de los Grupos Multifamiliares:
Cuando hablamos de TMF. debemos considerar la
teoría y clínica que desde hace años está
desarrollando el Dr.J.G.Badaracco.
En
el grupo terapeútico MF, se hace presente un recorte que
representa a la sociedad, con leyes concensuadas, permitiendo
descubrir otra Ley que no es la del padre de la horda primitiva.
Pudiendo así contrarrestar e inclusive llegar a anular
el poder patógeno que produce la omnipotencia familiar
y la fuerza paralizante de los objetos internos enloquecedores.
La
Terapia Multifamiliar es una modificación en el encuadre
y resulta ser un dispositivo ampliado que permite visualizar,
experimentar y vivenciar elementos que no habrían alcanzado
el nivel de la representación por lo cual no emergen en
la terapia individual o se precisaría de muchos años
para que esto suceda.
Encuentro una coincidencia muy enriquecedora entre lo postulado
por el Dr.Badaracco y P.Aulagnier. Esta autora trabajó
sobre el proceso originario, primario y secundario con modos de
representación específicos.
La
T.Multifamiliar facilita la posibilidad de la representación
figurativa del proceso originario y también la representación
relacional, específica del proceso primario. La representación
pictográfica que se logra a partir de las “interpretaciones
vivenciales”(Dr.J.G.Badaracco) y de compartir las vivencias
de los otros, permite metabolizar lo que nunca pudo ser comprendido
del mismo paciente, poniendo en imágenes y pudiendo nombrar
las experiencias vividas que han quedado inscriptas pero sin posibilidad
de ser habladas ni compartidas anteriormente. Es decir, que queda
facilitada la posibilidad de poner en palabras sensaciones que
tardarían años en una terapia convencional.
Si
pensamos que en situaciones que producen patología mental
severa, como en los casos de violencia familiar, vemos que hay
una ausencia de un sentido compartido y concensuado, habiendo
zonas psíquicas que no han adquirido posibilidad de representación
y solo han quedado como pura cantidad y sensación que buscan
la descarga. Esto pasa a constituir funcionamientos mentales compulsivos,
que amalgamados al odio, al resentimiento y a la necesidad de
ser reconocidos, tienen una fuerza extrema que no puede ser controlada
por el Yo, ya que la persona no cuenta con recursos internos para
contenerse, buscando muchas veces el límite externo. Hay
otra posibilidad, que tiene que ver con otros mecanismos mentales
defensivos, que tienen que ver con la desinvestidura del mundo
externo, del que se ha perdido la confiabilidad.
Por
otra parte, muchas personas temen contar experiencias traumáticas
vividas en el seno familiar, porque sienten una lealtad extrema,
hasta el punto de sentir que si relatan sus vivencias les ocacionarán
un daño irreparable a aquellas personas que los hacen sufrir
y se abusan, pero al mismo tiempo los aman y los precisan para
la autoconservación.
Al
ver que otras personas se atreven a contar sus experiencias, poco
a poco empiezan a confiar y a poder expresarse. De este modo,
pueden hacer un cambio psíquico por primera vez, pudiendo
poner sus fantasmas en relación, es decir, compartiendo
con otros.
En
la TMF las personas pueden revivir situaciones atrapantes en vínculos
de interdependencias patógenas, pero esta vez en un ambiente
seguro, contando con la vivencia de que están compartiendo
con otros y que no serán castigados ni desmentidas sus
vivencias.
Quienes han sufrido por el abuso omnipotente de quien se suponía
que debía velar por su seguridad, se sienten más
seguros en un ambiente con muchas personas, que en una terapia
con un terapeuta, porque se revive la situación de estar
bajo el dominio del poder de alguien ¨incuestionable¨
del sujeto supuesto saber y ellos colocados nuevamente en el lugar
del desamparo y del sometimiento.
El
Dr. Badaracco habla de la posibilidad de ¨metaforizar¨
la situación y así percibir una posibilidad de cambio,
contando con otros que arman una trama vincular de sostén
psíquico.
El participar de la emergencia de las vivencias de otros, permite
poner imagen y palabras a las sensaciones, se puede pasar del
dolor al sufrimiento y a la elaboración.
El
Yo de las personas maltratadas o de las que participan como espectadoras
del maltrato, no cuenta con recursos internos para sentir que
pueden sobrevivir si se separan de la persona maltratadora.
Anzieu
ha escrito acerca del apego a lo negativo, es decir, el apego
a figuras maltratadoras, porque resulta más tolerable la
investidura a un vínculo aunque sea abusador que la desinvestidura.
Por este motivo muchas veces no se lleva a cabo la denuncia, porque
el sistema social y judicial no ofrece alternativas, entonces
el o los abusados se encuentran en una situación dilemática,
si acusan al maltratador temen que se multiplique su ira, pero
no cuentan con ayuda para sobrevivir, ni para correrse del lugar
de ser el objeto del goce del otro. Por eso, contar con otros
y con los recursos Yoicos de otros en la TMF, permite animarse
a discriminarse y poner fin al maltrato, porque en primer lugar,
el grupo constituye una terceridad y por otro lado, se cuenta
con un sostén emocional y con la mirada del grupo que le
certifica que su vivencia de ser maltratado es cierta, que no
es una confusión mental.
Denomino
“espejos rectificadores” a la “función
subjetivante” que devuelven los otros de la imagen de sí
mismos que se ha construído de modo distorsionado en las
familias de origen. De este modo se comienzan a construir los
recursos internos, que al principio son virtuales, solo están
en la mente de los terapeutas y de aquellas personas-pacientes
que antes estaban como ellos y ya se encuentran en un proceso
de mejoría.
La
falta de recursos internos no tiene que ver con contenidos reprimidos
sino con un déficit en el sí mismo, pero sabiendo
que los recursos internos existen como potencialidad. Y es este
mismo déficit el que favorece el mantenimiento de la interdependencia
patógena.
Por
otro lado, la fuerza de éste ¨espejo multiplicador
correctivo¨, como lo denomino, contrarresta la fuerza del
espejo omnipotente materno que constituyó al Yo infantil
con las primeras identificaciones alienantes.
Las
familias con funcionamiento perverso tratan de provocar confusión
mental y usar la mentira como modo de seguir atrapando a la víctima.
Salir de la confusión mental es ir hacia la salud, pero
esto no se logra si no es con otros.
Caso
clínico, Pedro odontólogo de 30 años de edad,
estuvo internado
en el Hosp. Borda, considerado un paciente crónico sumamente
agresivo, con diagnóstico de paranoia. El mismo se definía
como se sentía- ¨un arma asesina en potencia¨.
El
padre, un prestigioso profesional, había abusado de él
y de sus hermanos, durante la infancia.
Cada vez que Pedro mejoraba, comenzaba a denunciar a su padre,
tenía una profunda necesidad del reconocimiento materno
acerca de lo vivido.
Si
bien sus padres estaban divorciados, la madre no podía
tolerar la denuncia de su hijo y cada vez que él mejoraba,
la madre lo acusaba de estar loco y reclamaba a los médicos
que le dieran más medicación. Refería que
el hijo ¨decía esas cosas porque le faltaba medicación¨.
Seguramente ella no podía reconocer su participación
en el hecho, aunque sea como complacencia pasiva frente al abuso
del marido, entonces continuaba desmintiendo los hechos y la vivencia
del hijo. Esto provocaba una furia asesina en el hijo, quien volvía
a ser internado y medicado. La necesidad de Pedro de que su madre
reconociera los hechos tenía un valor fundamental, era
la posibilidad de ¨Ser o no Ser¨, era confirmarle que
no estaba loco.
En
la TMF. se pudo hacerle sentir a Pedro que el grupo sí
le creía, que no estaba delirando y que cualquiera en su
lugar hubiera sentido lo mismo. Tampoco le teníamos miedo.
Por otro lado, fuimos conteniendo y ayudando a la madre para que
pudiera ¨tolerar¨ escuchar lo vivido por sus hijos.
El Dr. Badaracco afirma que los pacientes graves no mejoran si
sienten que sus vínculos significantes corren riesgo, encontrándose
en situaciones dilemáticas, ya que sienten que para mejorar
ellos deben condenar a personas muy significativas que siguen
siendo imprescindibles para ellos poder sobrevivir. Entonces,
este dispositivo terapeútico permite ayudar a distintos
miembros de la familia que se encuentran con la mediación
de otros que funcionan como ¨tercero¨, desarticulando
las situaciones dilemáticas que sostienen el poder patógeno.
Al
sentirse validado, Pedro fue armando recursos yoicos genuinos
y fue perdiendo esa violencia compulsiva y la necesidad de venganza,
pudiendo comenzar a pensar y a ayudar a otras personas, con su
inteligente participación.
Si
bien la madre no ha hecho cambios sustanciales, no se siente tan
en riesgo teniendo que desmentir las vivencias del hijo. Ella
misma ha experimentado que si bien el grupo sí le cree
a Pedro, no la condenan a ella, quien es parte de la locura familiar
y también debe ser tratada.
La
¨cura¨ en estos casos no se trata de devenir ¨sano¨,
sino de despertar el deseo de vivir y la posibilidad de confiar.
Esto se logra mucho más rápido, en un contexto multifamiliar.