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Los padres
de hoy sienten la necesidad de transmitirles a sus hijos la noción
de autoexigencia como requisito indispensable para enfrentar la
perspectiva de un futuro complejo. Sin embargo, cabe preguntarse
si eso es lo ideal o si, por lo contrario, es imprescindible estimular
su creatividad, tan importante para un desarrollo armónico
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Si
hubiese que elegir un ejemplo que mostrara claramente la diferencia
entre lo que era la vida de los chicos urbanos hace 40 años
y lo que es la de los chicos de hoy, estaría relacionado,
seguramente, con el manejo del tiempo libre, y de todo lo que
eso implica: juegos, creatividad, deportes, apropiación
de los espacios privados y públicos, y también,
por supuesto, ocio.
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En principio, porque aquel tiempo libre respondía
a una convención por demás respetada, según
la cual el día se dividía en 8 horas para trabajar
o estudiar, 8 para descansar o divertirse y 8 para dormir.
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Ahora, en la sociedad de 24 horas en que estamos
inmersos, ese esquema aparece, literalmente, como un anacronismo.
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¿Cómo hablar de un horario para
dormir cuando los adolescentes salen a las 2 de la mañana,
los canales de dibujos animados transmiten toda la noche, los
chicos chatean de madrugada, los delivery tocan el timbre a cualquier
hora, y en muchas casas la actividad a las 12 de la noche no tiene
nada que envidiarle a la de las 12 del mediodía?
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Este show en continuado puertas adentro es muchas
veces funcional a la necesidad de los padres de proteger a sus
hijos de un afuera que cada vez se les presenta como más
amenazante. La contrapartida es una mayor laxitud en los horarios
y una vida en la que ya no están tan definidos los momentos
para la obligación y aquellos destinados a la diversión.
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Lo paradójico, sin embargo, es que en
medio de este panorama aparentemente desestructurado los padres
presionan más que nunca a sus hijos a fin de que se apresten
para enfrentar un futuro que se presenta, para todos, bastante
incierto.
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Así, ha ido creciendo la tendencia a
agendarles cada vez más actividades que -al menos ésa
es la intención- los proveerán de armas para estar
mejor preparados para una carrera en la que, aun cuando todos
pudieran largar, ya se sabe que hay muy poco espacio tras la línea
de llegada.
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¿El resultado? Chicos cada vez más
presionados, no sólo por actividades complementarias de
la educación formal, por ejemplo idiomas, sino también
por otras ocupaciones, ya sean deportivas, recreativas o de reeducación
(tratamientos o maestras particulares).
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Sumar exigencias
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"La necesidad de que los chicos, además
de cuidados, estén estimulados, generó la exigencia
de imponerles más actividades extraescolares como complemento
de la tarea escolar", dice la psicopedagoga Margarita Eggimann.
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Se sabe que el mundo actual requiere una educación
amplia y exigida. Pero también es cierto que muchas veces
las actividades extraescolares sirven para conformar a los padres
en su afán de preparar a sus hijos y, con la excusa de
una mejor instrucción, los llenan de actividades y los
sobreexigen. Todo esto surge también a raíz de una
necesidad de cubrir los espacios anteriormente ocupados por los
adultos y familiares más cercanos", afirma Eggimann.
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Como se sabe, antes las que enseñaban
a tejer, a coser o a cocinar eran las abuelas, las tías
o las propias madres. A su vez, para los varones los referentes
de las colecciones y los hobbies que los acompañaban en
su infancia eran los abuelos o los tíos. "Ahora que
los tiempos han cambiado, la expectativa de vida se ha alargado,
y la vida laboral también, todas esas actividades han ido
desapareciendo de la manera espontánea en que se realizaban
porque no hay quien las pueda ejercer o sostener", dice Eggimann.
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"Pero también la realidad económica
ha cambiado, y esas tareas no se aprenden porque, en general,
se mandan hacer."
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Eggimann reconoce que los chicos pierden habilidades
manuales y motrices, pero con las nuevas actividades se adquieren
otras que acompañan el avance de la civilización,
que tienen que ver con la vertiginosidad de los cambios.
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"Los chicos desarrollan algunas destrezas
en plazos más cortos que antes. Esas actividades se han
ido reemplazando por otras. Sin embargo, es importante llamar
a la reflexión y recuperar aquellos juegos tradicionales
en los que no sólo se desarrollaban ciertas habilidades
manuales necesarias para el aprendizaje, sino también las
sociales y las de desarrollo moral", agrega Eggimann.
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A esto se suma que, hoy, los modelos de referencia
pasaron a ser los instructores de las distintas actividades extras.
Los padres han delegado esta función en otros especialistas,
ya que, en general, ellos mismos se encuentran con poca capacidad
para responder a las demandas recreativas de sus hijos.
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La consecuencia es muchas veces que los chicos
desarrollan muchas destrezas, pero también pierden la capacidad
de sostener la atención, con lo que adquieren un estilo
de aprendizaje que la especialista describe como "expeditivo
y evitativo del esfuerzo".
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Actualmente, el gran auge de niños hiperactivos
está en relación con esta pobre capacidad, con la
escasa tolerancia a la frustración y con la necesidad de
atender a una cantidad de estímulos al mismo tiempo, lo
cual lleva al chico a no escuchar al otro, a no atender en clase,
a no estar demasiado tiempo en una actividad porque enseguida
quiere pasar a otra.
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"Nos encontramos con chicos que no prestan
atención, que creen que estudiaron porque leyeron la lección
una vez, que no respetan las mínimas normas de convivencia
porque son autosuficientes y manejan otras reglas, las de la satisfacción
inmediata del displacer. Lo que les molesta, lo rechazan",
asegura Margarita Eggimann.
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Experiencias
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En efecto, la idea del tiempo en la actualidad
está relacionada con la productividad y la gratificación
inmediata.
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Por otra parte, el tiempo libre es una experiencia
subjetiva, por lo cual cada uno tiene su propia concepción
de ocio. Es inherente a las experiencias personales y a las influencias
del medio.
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"Por eso es importante que los niños
dispongan de su tiempo libre para desarrollar su propia vida interior.
Una actividad de tiempo libre debe generar satisfacción
en el sujeto, que será mayor cuanto más relacionada
esté con intereses propios; que favorezca que el niño
se sienta capaz, competente y lo conecte con su capacidad de aprendizaje",
dice la psicopedagoga Inés Tejerina, especialista del Centro
de Aprendizaje y Desarrollo.
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Es necesario tener una forma de vida que no
nos agote por completo, pero al mismo tiempo cuidar de no caer
en la pasividad extrema.
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"El aburrimiento habla de una discapacidad
de poder estar a solas - advierte Tejerina-. Muchas veces, el
niño necesita que otra persona tenga que mediar para que
él no se aburra; busca en el afuera lo que no logra encontrar
en sí mismo; pone la responsabilidad de su aburrimiento
en el otro. Si los niños desarrollan su imaginación
y su creatividad, no se aburren."
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Alejandra Marcos, psicopedagoga del mismo centro
-especializado en diagnóstico y tratamiento neurocognitivo-,
cree que es necesario estar alerta a los mandatos de la sociedad
de consumo, relacionados con las ideas de que la exigencia temprana
asegura el éxito, de que las gratificaciones deben ser
inmediatas, de que el movimiento constante y la ocupación
permanente son buenos, de que siempre podemos hacer más
y de que no debemos equivocarnos.
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Destaca también que en la actualidad
existe una escasa valoración de las habilidades que impliquen
desarrollo de las capacidades lúdicas, manuales o artísticas.
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"Los padres sienten la necesidad de transmitir
la autoexigencia como indispensable para enfrentar el futuro laboral,
dejando de lado la creatividad, tan necesaria para el sano desarrollo",
advierte.
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En este sentido, es primordial la revalorización
del juego como estructurador de la personalidad. Cuando un niño
juega, recrea, elabora pensamientos, sentimientos, vivencias y
preocupaciones.
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"Muchas veces, los padres confunden esto
con improductividad, y no tienen en cuenta que es la principal
actividad de la infancia. Debemos dejar lugar al desarrollo de
la imaginación a través del juego", asegura.
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Graciela Pieres, directora del Segundo Ciclo
de la Educación General Básica de la Escuela Argentina
Modelo, describe la realidad de aquellos chicos a los que se les
agregan tantas actividades adicionales que terminan con agendas
semejantes a las de un adulto.
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"Es preocupante la desaparición
del espíritu lúdico en la infancia, pues ésa
es la etapa para desarrollarlo. Se trata del momento de la vida
en el que, por medio del juego, se desarrollan tanto capacidades
motrices como simbólicas", destaca Pieres, a la vez
que recuerda su propia niñez, cuando el juego era algo
cotidiano, que se vivía naturalmente.
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Cambios
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"En la actualidad todo cambió: el
niño de hoy no juega", asegura.
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"Un factor que ha influido es la reestructuración
sufrida por las familias: en la mayoría de los casos, ambos
padres trabajan todo el día, motivo por el cual los chicos
permanecen encerrados y su compañía es la televisión.
En los últimos años, además, se incorporaron
la computadora y los jueguitos. A medida que la tecnología
aumenta, el juego entre los chicos decae", asevera.
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Ante esta realidad, Graciela Pieres cree que
los docentes deben plantearse qué hacer para que sus alumnos
aprovechen mejor su tiempo libre, una capacidad con la que los
niños no nacen, sino que debe ser aprendida, y en la que
los adultos tienen un rol clave como orientadores y facilitadores.
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"Interesados en esta problemática,
desde el año pasado comenzamos a trabajar en nuestra escuela
en un proyecto propuesto por el Correo Oficial de la República
Argentina: los Talleres de Filatelia para chicos de 5° y 6°
año del Segundo Ciclo de la EGB, coordinados por Ana Baumann",
sostiene Pieres.
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"Fue una experiencia positiva y sorprendente
por las derivaciones que tuvo, ya que se sumaron abuelos, tíos
y padres para aportar experiencias y anécdotas, que enriquecieron
los encuentros con nuestros alumnos."
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Según la psicopedagoga Inés Tejerina,
es tarea del colegio estimular a la familia y al niño para
la utilización de los recursos recreativos y promover la
capacidad de aprender y de disfrutar de las distintas expresiones
culturales.
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"Como sociedad, debemos revalorizar la
vida familiar como un espacio que proporcione posibilidades de
desarrollo emocional, creativo, comunicativo y estructurador de
la personalidad. Porque así como que no hagan nada no es
bueno, que hagan mucho, tampoco", advierte.
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A su entender, a la hora de elegir una actividad
extraescolar es necesario priorizar los deseos y preferencias
de los niños frente a los mandatos sociales. Cuando se
cumplen todas las demandas del entorno social se corre el riesgo
de tener chicos sobreadaptados. Las actividades extraescolares
son buenas y productivas siempre que estén pensadas en
función de las necesidades e intereses de los niños.
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"Debemos mostrarles que no es necesario
que hagan todo y que sean perfectos para ser amados y reconocidos",
aconseja Tejerina.
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Por Carmen María Ramos
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Los videojuegos
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Los chicos en la actualidad son menos tolerantes
a la frustración, a la espera; por eso tienen tanto éxito
los jueguitos, en los que la respuesta es inmediata y la recompensa
también. Los especialistas advierten que para que un chico
tenga un buen aprendizaje de la lectoescritura, por ejemplo, tiene
que tener experiencia con objetos concretos, no sólo virtuales,
como ocurre con los medios electrónicos. Estos, además
de no ofrecerle ningún conflicto cognitivo, salvo que sea
un software educativo, en general ni siquiera le exigen elaborar
una estrategia. Lo mismo ocurre con el chateo, donde se va deformando
la lengua escrita y los chicos manejan un código totalmente
nuevo, en el que las reglas ortográficas no existen, y
hasta a veces las generalizan en otros contextos.
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Claves
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Hasta hace unos años, los chicos podían
ir a jugar a la vereda, al club, a la plaza, y se encontraban
con otros chicos para jugar. Actualmente, estas actividades se
desarrollan en lugares y tiempos ya organizados. Por seguridad,
para resguardo y por control de los padres. La contrapartida de
esto es que los chicos luego no saben cómo comportarse
frente al tiempo libre porque aprendieron a recibir consignas
para todo. Incluso para jugar.
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Si el chico sabe que dispone de un adulto para
consultarle lo que necesita, no se angustia y desarrolla su propia
creatividad y juego. Posiblemente no requiera de él en
todo el día porque sabe que puede contar con él.
En la actualidad, los chicos no saben cuándo pueden contar
con un adulto.
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Los deportes
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Los deportes son importantes para un buen desarrollo,
tanto físico como anímico y social de la persona.
El juego y el trabajo en equipo están muy relacionados
con el deporte. En la práctica deportiva se aprenden normas
de convivencia, reglas, respeto por el otro, sobre todo en los
deportes que no son individuales. El deporte ayuda al desarrollo
del pensamiento, a respetar las reglas de juego, y supone tener
en cuenta al otro, tanto al compañero como al contrincante.
"Estas son habilidades que se adquieren en la relación
con los otros y no quedándose frente a una computadora
ganándose a sí mismo", sentencia Margarita
Eggimann.
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